En nuestros talleres, lo primero es la fabricación de nuestros moldes con forma de ositos, que dejarán sus huellas en nuestras bandejas de almidón, que luego se rellenan con nuestro arma secreta: el sirope de malvavisco, previamente batido con delicadeza y cocido en un caldero.
A continuación, siguen horas y horas de «hibernación» antes de desmoldar los ositos, que luego pasan bajo la cascada de chocolate templado.
Así revestidos, nuestros ositos pueden desvelar todos sus secretos: una capa de chocolate delicadamente crujiente que esconde un malvavisco ligero y ultraesponjoso.
Y para un placer aún mayor, descubre también nuestros malvaviscos esponjosos de doble textura que esconden, bajo su capa de chocolate, un auténtico tesoro: ¡una cobertura de caramelo con mantequilla salada o con sabor a frambuesa ácida!